10 discos esenciales de Iron Maiden.

Hablar de Iron Maiden es hacerlo de un nombre legendario no solo para el heavy metal, sino para la música en general. Sus logos, su mascota, su música, sus integrantes; absolutamente todo ello conforma una maquinaria difícil de parar. En la década de los 80 fueron capaces de publicar obras maestras sin respiro y de forma consecutiva, para después adentrarse en una confusa espiral que les llevó a tocar fondo con algunos trabajos francamente impropios para una banda de tales magnitudes. En la década del 2000 llegaría una repentina reacción que les llevaría a resurgir de sus cenizas. Todo ello con idas y venidas dentro de la formación.



10. Fear of the Dark (1992)


Venían de hacer el disco más decepcionante tras un ramillete de clásicos que los aupaba en la élite del heavy metal en la década de los 80. Quisieron mejorar aquella fallida propuesta llamada No Prayer for the Dying y para ello pusieron en marcha la maquinaria y así editar el afamado Fear of the Dark, un álbum que si bien supera a su antecesor, se queda lejos de las obras clásicas del grupo. Apoyada sobre todo en el tema que da título al disco, el cual se convertiría en un himno impresionante, y en piezas como la enigmática y cautivadora Afraid To Shoot Strangers o la vibrante e injustamente olvidada Judas Be My Guide. Optaron por un sonido algo más "americano", se intuyen ciertas reminiscencias hard rockeras y eso parece que el público no lo perdonó. Bien es cierto que el disco es irregular a todas luces e incluso sorprende que en un disco de los Maiden figuren un total de 12 canciones. ¿Qué pasaría si se hubiesen quedado en unos 8 o 9 algo más habituales en ellos? Probablemente estaríamos hablando de un álbum más cercano a los clásicos, y es que el resto sobra y mucho. Fear of the Dark produjo daños colaterales, pues Bruce Dickinson dejaría la banda hasta su futura vuelta en el 2000. Mientras tanto, su lugar lo ocuparía Blaze Bailey, pero el vacío fue irreparable. También abandonaría la producción el afamado Martin Birch.

9. Killers (1981)


Con una de las portadas más emblemáticas de Iron Maiden, Killers se erige como una de las tantas obras maestras del grupo. Era el segundo álbum del grupo y el último con Paul Di'Anno en las voces, antes de que llegase la revolución Dickinson. La producción de Martin Birch parece mejor que la del álbum debut, aunque en mi opinión, creo que en conjunto está ligeramente por debajo de aquel homónimo Iron Maiden. Aún así, hablamos de una obra monumental que alberga canciones inolvidables como Wratchild, Purgatory, The Ides of March o Genghis Khan. Por aquel entonces, todavía se notaban ciertas reminiscencias punk en el sonido de la banda, aunque poco más tarde comenzarían a componer canciones de mayor calado épico.

8. A Matter Of Life And Death (2006)



Disco controvertido donde los haya por su oscuridad y porque muchos seguidores de Iron Maiden consideraron que el minutaje de las canciones eran excesivas. Siguiendo la vena progresiva que la banda ha adquirido sobre todo tras el regreso de Dickinson y Smith, componen un álbum complejo y completo que, desmenuzado con sutileza, nos muestra una serie de canciones bien trabajadas y estructuradas, con muchos matices que son incapaces de entrar en las cabezas de quien prefiere la inmediatez y no la digestión lenta. Muchos damos gracias a la banda porque no quiere repetirse una y otra vez, mientras otros se inclinan porque prefieren a unos Maiden igual que antaño. Eso es imposible, los grupos inquietos evolucionan y eso ha sucedido con los británicos. Aún quedan trallazos como Different World para mirarse al espejo y encontrar reflejados a hermanos como The Wicker Man o Rainmaker, pero la tónica general se va por derroteros diferentes, más crudos, épicos y a veces, exquisitos. Canciones como These Colours Don't Run  o Brighter Than a Thousand Suns brillarían para muchos en álbumes distintos, mientras que ese himno exquisito llamado For The Greater Good Of God habría destacado en Brave New World. El problema es que al estar todas juntas en este mismo trabajo, muchos no son capaces de digerir tal empacho de notas musicales y extensos minutajes de desarrollos instrumentales. Yo celebro que se hayan atrevido a algo así, y sobre todo destacando que el disco suena impecable. Tanto es así que la banda no quiso masterizarlo. 

7. Somewhere in Time (1986)


Portada futurista que avisaba de ciertos cambios en el sonido de la banda. Las guitarras sintetizadas aparecen en mayor medida y los bajos parecen mucho más presentes, adoptando así un sonido de vanguardia que sin embargo, obtuvo disparidad de opiniones a pesar de que Somewhere in Time se ha erigido como uno de los álbumes clásicos del grupo. Sin embargo, es evidente que para muchos esta obra pierde en comparación con su antecesor Powerslave, pero es que igualar aquello e incluso superarlo, sería francamente inhumano. Es muy difícil mantener un nivel tan alto como el que ha mostrado Iron Maiden en los 80, algo que está al alcance de muy pocas bandas. Los singles Caught Somewhere in Time y Wasted Years funcionaron muy bien, sobre todo el último, pues se antojaba más directa y con mayor gancho melódico, portando además un espectacular sonido. Tampoco podemos olvidarnos de temazos como Heaven Can Wait, The Loneliness Of The Long Distance Runner o la despedida certera del álbum a cargo de Alexander The Great.

6. Brave New World (2000)


Tras una década de decadencia, donde el grupo fue incapaz de enderezar el rumbo con Blaze Bailey como vocalista, en 2000 y bajo una máxima expectación, regresan Bruce Dickinson y Adrian Smith para publicar Brave New World, primer trabajo realizado con tres guitarristas (Murray, Gers y Smith) en la formación. La portada era impactante y el contenido musical recuperaba la grandeza de los británicos que, de la noche a la mañana, parecían haber recuperado el estatus perdido. El sonido es fresco y las composiciones brillan con luz propia, alumbrando al mundo y avisando de que los Iron Maiden clásicos estaban de vuelta. The Wicker Man y Out of the Silence Planet son dos singles demoledores que, junto a la homónima Brave New World, la potente Ghost of the Navigator, la preciosa Blood Brothers, la espectacular Dream of Mirrors y la potente y directa The Mercenary, conforman un álbum francamente redondo tal y como nos habían acostumbrado años atrás.

5. Piece of Mind (1983)


En un estado de forma envidiable, Iron Maiden publica así la continuación del aclamado The Number of the Beast. En Piece of Mind comienza a aparecer la firma de Dickinson en las canciones, ya que por fin comienza a prodigarse en terrenos compositivos. Así nos deja una joya como Flight of Icarus, buque insignia del disco junto a The Trooper, un hit single firmado por Steve Harris. El batería Clive Burr es reemplazado aquí por Nicko McBrain. La banda nos muestra aquí un sonido más pulido, nuevamente bajo la producción de Martin Birch, con respecto al anterior álbum, aunque éste no contó con el factor sorpresa se aquel ni tampoco con su grandeza. Aún así, es sin duda uno de los mejores álbumes del grupo.

4. Iron Maiden (1980)


Álbum debut de los británicos que comenzaban con una formación bastante diferente a la que poco después llegaría y se conocería como su alineación clásica. Con peor sonido que discos posteriores pero con una serie de joyas que hacen a este álbum tan especial. El heavy se dejaba tocar por elementos punk, donde títulos como Running Free, Charlotte the Harlot, Prowler o Sanctuary se convierten en sus máximos exponentes. También hay espacio para temas más extensos y elaborados como Phantom of the Opera y Strange World. Iron Maiden se ha convertido en un clásico del grupo hoy en día, siendo muchísimo más valorado en la actualidad que en el momento de ser publicado.

3. The Number of the Beast (1982)


Para muchos, el mejor disco de Iron Maiden, aunque en parte influya el hecho de que este disco supuso una ruptura significativa con sus dos anteriores álbumes. El sonido es más épico y elaborado, mientras que Bruce Dickinson, el vocalista por excelencia del grupo, reemplaza a Paul Di'Anno, dotando así de mayores posibilidades compositivas al grupo, ya que la voz de Bruce posee unos registros mucho más amplios que los de Paul. The Number of the Beast está prácticamente firmado en su totalidad por el bajista Steve Harris, quien se remangó para componer una serie de canciones de grandísima calidad. Títulos como el que da nombre al disco, Children of the Damned, Run to the Hills o Hallowed Be Thy Name, se convirtieron en clásicos imperecederos desde el momento en que vieron la luz. Imprescindible para entender la evolución de uno de los grupos más grandes de la música.

2. Powerslave (1984)


La madurez compositiva casi tocaba techo en Powerslave, álbum que mejora la propuesta de The Number of the Beast, algo que parecía bastante difícil. Gustos aparte, representa la una de las cimas musicales del heavy metal británico y por lo tanto de la propia banda. Aparecen hits de la talla de los inseparables Aces High y 2 Minutes to Midnight, pero es que incluso se atrevían con composiciones instrumentales, pues ahí tenemos Losfer Words (Big 'Orra). Además, comienzan a aparecer elementos progresivos en canciones como la homónima Powerslave y sobre todo en la suite Rime of the Ancient Mariner, uno de los pasos definitivos a la hora de definir el metal progresivo, elementos que hasta entonces eran más normales encontrar en el rock. 

1. Seventh Son of a Seventh Son (1988)


Cuando un grupo tan longevo posee una ramillete de obras maestras, es complicado hacer este tipo de artículos, siendo obvio que además generen disparidad de opiniones. Sin embargo, para el que escribe, Seventh Son of a Seventh Son es la obra cumbre del grupo, la cima compositiva y dónde la madurez musical se hace más notoria. Una obra conceptual que se deja abrazar por sintetizadores, que ofrece una producción pulcra con guitarras cristalinas, además de melodías inigualables. Un equilibrio magnífico que nos brinda diversos hits de la talla de Moonchild, Can i Play With Madness, The Evil Than Men Do o The Clairvoyant, que se combinan con otras composiciones sumamente brillantes, aunque de mayor complejidad y cierta densidad progresiva en Infinite Dreams o en la definitiva Seventh Son of a Seventh Son, precisamente la canción que da título al disco. Tras este álbum, jamás sonaron tan bien y con tanta majestuosidad.  

Comentarios

Addison de Witt ha dicho que…
Con alguna pequeña variación en cuanto a ordenación, pero estoy de acuerdo, es básicamente lo mejor.
Saludos.
Orlando ha dicho que…
Lo dije en el blog del amigo Addison , y ahora aquí : Ellos son los que hicieron que yo descubriera el heavy, aun estando Saxon antes que ellos . En la lista he visto que no hay ninguno de los discos de la era Bayley , no es igual que estando Dickinson , pero , ¿no creen que fue flojete el penultimo? .
Del Dance of death , prefiero Gates of tomorrow .

Estupenda reseña .
idus87 ha dicho que…
En mi humilde opinion "Seventh so of..."es el comienzo de su decadencia ,cualquier disco anterior lo supera con creces...y despues de este no hay uno bueno heavy clasico de verdad..
Anónimo ha dicho que…
La voz de Bruce Dickinson es muy buena, creo que desde que entro a la banda
Anónimo ha dicho que…
La voz de Bruce Dickinson es muy buena, creo que desde que entro a la banda a ido mejorando, pero como toda banda llega a un punto donde sus discos van en decadencia o no vuelven a ser como antes, porque muchas veces cambian de genero, personalmente me quedo con Fear of the Dark.