Bunbury - Expectativas (2017)


Regresa a la actualidad uno de los artistas españoles más internacionales de los últimos tiempos. Lo hace de la mano de Expectativas, un álbum que llega cuatro años después de Palosanto, última referencia de estudio si tenemos en cuenta que El libro de las mutaciones es un directo donde repasa parte de su cancionero. 
Enrique, siempre en constante evolución, ha querido partir de la base de su anterior obra para así ir añadiéndole nuevos elementos sonoros y un tratamiento más rico en matices, dejando como resultado final un trabajo en el que se desprende de toda sonoridad latina para adentrarse en el mundo del art rock, recogiendo así influencias de los dos últimos trabajos de David Bowie.

Expectativas se recrea en una producción lujosa y al alcance de muy pocos, con un tratamiento de texturas y capas sonoras que son absolutamente magistrales. Y es que Bunbury ha querido ser muy meticuloso con cada sonido que se ha plasmado aquí. Él decidió desde hace mucho tiempo controlar todo lo que hacía, y eso lo ha llevado hasta el extremo, descubriéndose en la actualidad como un productor excelente.
Tampoco se puede pasar por alto la parte de los textos, aquí mucho más viscerales y con un alto contenido sociopolítico que a veces emplea de forma directa, sin rodeos, mientras en otras ocasiones resulta ser más poético.

El disco comienza con toda una declaración de intenciones. "La ceremonia de la confusión" se abre camino por medio de una introducción espectacular y la inclusión de un saxo, instrumento empleado por Bowie en varias ocasiones, pero aquí la mirada está puesta sobre Blackstar. Todos los instrumentos se muestran nítidos y compactos, y es que el álbum se ha grabado con toda la banda tocando de forma simultánea, confiriéndole así una mayor espontaneidad. No olvidemos que estamos ante un trabajo en el que lo digital y lo analógico se dan un fuerte abrazo que no terminará hasta la última nota del disco. Enorme ese verso en el que escribe "educación para la programación". En la diana.
Proseguimos con "La actitud correcta", uno de los dos cortes que presentó a modo de adelanto, y que se descubre como un vigoroso corte que rememora el rock and roll de antaño, aunque definitivamente actualizando su sonido a nuestros días, y en el que desliza un dardo a ciertos músicos faltos de ideas y poco arriesgados.


Aunque muchos han llegado a redactar en sus reseñas que "Cuna de Caín" es una composición que trata sobre la actualidad política de nuestro país, Bunbury se apresuró a decir que se debe a una mera casualidad, ya que la letra estaba escrita antes de que estallase el conflicto catalán. Estamos sin duda ante una canción que en directo podría resultar absolutamente apoteósico debido a su instrumentación, ritmo, y a un estribillo fabuloso. Impactante también resulta "En bandeja de plata", donde el mensaje se convierte en pequeñas dagas que se clavan en los oídos. Pocas veces hemos visto a un Enrique tan directo queriendo arrasar con todo a su paso. Aquí la clase política no sale bien parada, pero los ciudadanos que los elegimos, tampoco: "pudiendo escoger entre dos o tres, preferimos al más subnormal. Nada ocurre por casualidad, no puede un retrasado mental estar al frente de todo". Toda una declaración de intenciones que se ve coronada por una magnífica instrumentación. Se convertirá sin duda en una de las favoritas en los conciertos.

En "Parecemos tontos" nos encontramos con un medio tiempo de una intensidad abrumadora, aunque contenida en el aspecto sonoro. Las guitarras más reposadas toman el testigo junto a una base rítmica elegante, mientras el saxo genera un ambiente sosegado que dota al conjunto de un cierto sonido soul. Nuevamente las letras hacen referencia a asuntos sociales, esta vez de una forma más elegante y por medio de unos versos que podrían estar entre lo mejor del álbum. "Lugares comunes, frases hechas" se vuelca también en esa temática, aunque aquí tiene más que ver con los linchamientos en las redes sociales que se llevan a cabo después de una opinión personal, algo que por desgracia está muy de moda hoy en día. Incluso algunas de las palabras escogidas por Bunbury resultan más vulgares para darle ese carácter "barriobajero" en el que se dan esas situaciones. Musicalmente no parece la composición más lograda. Promete mucho pero a uno le deja con la miel en los labios. 

A partir de aquí nos adentramos en la parte más intimista de la obra salvo ciertas excepciones. "Al filo de un cuchillo" es tétrica, como sus textos, pero el tratamiento que ha tenido le confiere un carácter especial. Los sintetizadores juegan un papel importante, pero sin distraer. Las guitarras siguen estando presentes, pero los aportes de saxo y su atmósfera son los que me llevan a establecer comparaciones sonoras con los últimos trabajos de Bowie. 
En "Bartleby (Mis dominios)" se nos ofrece una visión algo más desafiante en el mensaje, mientras la parte instrumental, muy lograda, es bastante más luminosa que la anterior canción. 

"Mi libertad" es una especie de balada con enorme tratamiento sonoro. Por un lado tenemos inclusiones electrónicas, una base rítmica y un saxo enfocados hacia el jazz, y unas guitarras que crean melodías de ensueño, hasta que la canción explota para dejar camino a un estupendo solo de saxo. Un tema casi inclasificable que sirve como ejemplo para definir un álbum tan rico en matices.
"La Constante" es una preciosa canción de amor que trata de sumar en sentimiento mientras resta algo de experimentación. Enrique no es muy dado a estos claros mensajes amorosos, pero su situación actual familiar es la idónea, de ahí ese "hoy te elijo a ti para estar en mi vida, te elijo cada día consciente y libremente".
Para el final, Bunbury ha elegido "Supongo", una composición frágil y casi desnuda, pero con un mensaje que eriza el vello: "el mundo se encarga de asesinar tus sueños". Poco a poco la intensidad es mayor, acercando a los oyentes a un final apoteósico.

Expectativas nos ha cogido por sorpresa a medias. Quienes conocemos la carrera de Bunbury sabemos que no nos vamos a encontrar una y otra vez con la misma receta musical y que siempre vendrá empapada de calidad, pero ni mucho menos uno podría imaginarse que nos obsequiaría con un trabajo tan trascendente y visceral en los textos, incluso a veces políticamente incorrecto, sobre todo cuando aborda la parte sociopolítica. Estábamos acostumbrados a ese lado poético, a esas garras que te iban arañando poco a poco, y no a ese veneno inoculado por medio de una feroz mordedura. Con una producción asombrosa, Bunbury deja claro que cuando publica es porque tiene algo que ofrecer, guste más o menos, pero aquí parece que la obra marcará un antes y un después, como cuando vieron la luz "Pequeño" o "Flamingos". No creo que sea el mejor trabajo de su carrera, pero sí uno de los más destacados y, sabiendo que el nivel que ha ofrecido en solitario es alto, la hazaña es aún mayor.

Mi puntuación: 8'75

Tracklist:

  1. La ceremonia de la confusión
  2. La actitud correcta
  3. Hijos de Caín
  4. En bandeja de plata
  5. Parecemos tontos
  6. Lugares comunes, frases hechas
  7. Al filo de un cuchillo
  8. Bartleby (Mis dominios)
  9. Mi libertad
  10. La constante
  11. Supongo



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Discazo. De lo mejor desde hace mucho tiempo. Gran análisis. Llegué al blog a través de Rate your music y creo que me quedaré.

Saludos!
Anónimo ha dicho que…
Muy buen análisis, me gusto este disco.
Alex Lorente ha dicho que…
Este Bunbury de 2017 aun gustándome, como siempre, creo que no llega a los niveles de Palosanto, que me encantó, ni de Hellville, que me enamoró casi como lo hizo Flamingos, para mi su obra maestra, aun no superada.
Seguiré dándole escuchas, porque en los matices es donde encuentras a ese gran Bunbury, seguiré dándole escuchas para encontrar toda esa rabia y actitud política que comentas, y que en las primeras escuchas solo atisbo.
Grande Bunbury.